23 de marzo de 2013

Identidad.


Su voz tronó por todo mi mundo mientras ella clavaba sus ojos en los míos con la mirada ida, tan cerca, pero tan lejos...
El caminar se hizo más pesado mientras sentía cómo ella apretaba levemente su mano contra mi pecho.
Un hombre me recibió en la puerta, y poco después Luchadora descansaba sobre una camilla, con el pulso estable pero débil.


Era curioso, porque me encontraba sentado, aguantando las ganas de llorar ante el susto de la pérdida de un ser querido. Pero ese ser querido no era otro que yo mismo. ¿Cómo se podía sentir tristeza por una parte de tu persona? Era tan obvio, tan simple, tan voluntario... y sin embargo sentía que no lo había elegido. Posiblemente, si no hubiera liberado el cofre no la habría conocido, pero en mi ignorancia la habría matado. Puede que me hubiera corrompido y, como casi todos los humanos, hubiera vendido su alma al concepto que todos tenían de la Religión, siguiéndola como un borrego. No lucharía, mis mentes  no hubieran muerto... pero las habría matado.

Y levantando la mirada al horizonte mientras aquel hombre con su brazo mecánico desinfectaba mis heridas no pude evitar preguntarme qué pintaba yo en todo aquel panorama. ¿Qué hacía yo aquí? ¿Por qué luchar por luchar y tantas veces sin opción?
¿O realmente lo elegía?
Recordé de pronto aquel niño con aquel cartel en aquellas colinas que para mí solo eran bruma. "Crea tu mundo" rezaba la inscripción. ¿Qué fue de él? "¿Por qué algunas cosas tenían que quedarse por terminar?" me preguntaba mientras miraba sin ver el lugar donde Luchadora y yo entregamos el fuego del odio que me provocó Sombra al dejarme.

El mismo fuego de odio que eliminé gracias a Oscuridad y que luego ella me volvió a provocar... porque entonces, en el pasado hace dos años no comprendía que el vacío de una mujer no debe rellenarse con otra mujer, pues nos hace dependientes a la nueva... y la dependencia hacia una persona nos aleja de ella. Es lo que le ocurrió a Sombra conmigo, por ejemplo.

Y entonces entraron dos hombres en aquella enfermería. Humilde, pálido se acercó a la camilla de Luchadora, preocupado y hundido. Otro hombre de ropas verdes brillantes y una armadura ligera dorada parecida a la que usan los elfos se mantuvo más tranquilo, con las manos unidas en la espalda. Razón, se llamaba. Era él... Razón... una parte de mi mente mucho más compleja de lo que actualmente era.
Pero en verdad todas mis mentes se simplificaron. Tras la colisión del palacio, meses después de la batalla contra Religión, mis mentes se multiplicaron en número, a cambio de su simplicidad...
Pero realmente, ¿qué podía hacer, si muchas eran incompatibles entre sí o representaban la misma idea de manera opuesta? Tanto escuchar a la gente pasaba factura. Sobre todo si no se integra en la personalidad, como hice yo.

Luchadora, siempre levantándose sonriendo tras una dolorosa caída... siempre levantándose, siempre sonriendo, deseando una batalla justa entre el enemigo más temible a su alrededor, valiente y férrea, pero cada semana más apagada y pálida desde aquella pérdida y aquella lápida entre las hierbas de mis islas flotantes...
Razón, siempre tan complejo, tan filosófico, perdió fuerza cuando descubrí que el mundo era relativo. Su pulso firme e impasible se vio alterado cuando decidió cargar con el peso de mis males en la Gran Tragedia, meses después de Religión, y poco a poco se iba oxidando, envejeciendo a la vez que Luchadora... y no como Optimismo, que después de lo que pasó recibió una herida que curó a cambio de su edad, siendo ahora un viejo fornido desengañado con el mundo...
Stille, el silencio, siempre vivió igual, en las sombras, llena de miedo, miedo a que Susurro hablara más de la cuenta y me pusiera en peligro... Lágrima, que vivía pálida observando al mundo sin hacer nada pues no era consciente de que podía cambiarlo...
Fuego, Rectitud y Relativismo torturaban mi mente constantemente. Los tres se crearon tras la Gran Tragedia. Uno derivado de Eissen, otro de Luchadora y el último de Razón, torturándome con su complejidad, torturándome con su debilidad y uso de la fuerza, torturándome con sus ganas de calcinarlo todo...
"¿Era Fuego un enviado de Sever?" pensaba mientras mi dedo tocaba la pantalla del cuarto oscuro en el que había aparecido. Pero no estaba allí, sino en mi mundo, esperando impaciente el ataque inminente de Religión. Pues son recuerdos lo que estaba viviendo, los recuerdos más nítidos que había vislumbrado nunca.
Vi entre las múltiples imágenes a Servatrix, mi gran cuidadora e instinto protector que se había hecho más fuerte pero más frágil, herida por las palabras de Incosciente que la acusaban de interesada. Mi gran cuidadora, junto con aquel hombre que sanaba nuestros males...

-Tus heridas sanarán en un par de horas. Pero si la amenaza de aquel monstruo es real, te recomiendo descansar.

Dejó la tela para vendas en la bandeja con aquel brazo mecánico. Aquel hombre, Repar, era el encargado de arreglar lo que en el mundo se había roto. No sabía de ciencia, no sabía de letras, solo de volver uno lo que antes eran pedazos. Su media cara derecha mecánica y su brazo prácticamente robotizado le ayudaban bastante a realizar su tarea, pues le ayudaban a recuperar muestras y en su análisis, y era realmente hábil con ellos. Aunque le conocí así no siempre lo fue, y supongo que ahí residía el chiste: podía reparar todo. Todo, menos a sí mismo.

-No. Repar, necesitamos primero un plan -interrumpió Razón alzando la mano levemente -. Necesitamos estar organizados.
-Razón, ¿escuchaste al chico? Abrió la tierra de las colinas hasta el Templo con sus propias manos. Si esperas que le derrotemos en este estado, vas apañado.
-Soy consciente de la situación. Mentes descansará, pero debemos ir preparándonos. Voy a llevarle al Consejo de Guerra.

¿Por qué luchar para mejorar? La libertad era como el horizonte, imposible de conquistar. Sin embargo, las luchas hacia la perfección nunca acabarían, siempre habría cosas que mejorar y monstruos que derribar, y cada vez serían más duros y fuertes.
Me dieron ganas de abandonarlo todo. Como suicidarse mientras tus enemigos sonríen. Estaba cansado de luchar.
Pero entonces recordé mi pasado, sepultado bajo la tierra en las salas del Templo de las Mentes Carmesí. Recordé el maltrato que sufrí cuando era joven, aquella gran patada contra mi autoestima. ¿Crecía por miedo a ello? ¿Por qué llegué al cofre si no había asimilado las lecciones del templo? ¿Eran acaso imposibles de asimilar?
¿Era Religión imposible de ser derrotada y Sever imposible que controlar?
Y me reí ante el chiste, pues a un dios no se le puede derrotar y a un controlador no se le puede manipular.

-Mentes, ¿estás bien?

Volví de nuevo a la realidad. Sentados en unas piedras que formaban un óvalo, se encontraban todas las mentes que componían mi mundo salvo Repar y Luchadora.
Humilde le dejó una rosa a sus pies antes de irse, pidiéndome por favor que nunca dijera que fue él quien lo hizo.

-Eh... sí. Sí. Empecemos.
-¿Estás seguro de defendernos del ataque a muerte?

Realmente no. Por mí al menos no, quería luchar por los demás.

-No lo hagas por nosotros, Mentes, sino por ti -dijo Social inclinándose hacia mí -. Por mi parte, Religión no me da miedo. No destruirá tus relaciones... pero Sever sí me preocupa, y ahora trabajan juntos.
-Entiende también que si se han unido para ir contra ti es porque te consideran el rival más fuerte. Cuenta con eso -intervino rápidamente Razón -. Si bien la decisión final es tuya, insisto en que no combatir es lo peor que podemos hacer.
-Recuerda que combatimos en casa -dijo Optimismo.

Las respuestas colapsaban aún más una mente colapsada. Comprendí que mi falta de implicación no se debía a que no quisiera combatir, sino a una confusión entre todas las mentes de mi cabeza. Estaba sopesando atacar.
Como actualmente... y acabaron enfrentándose entre ellas. Pero aquel caso era distinto. Aquella vez el enemigo era quien iba a por nosotros.

Las colinas representaban el mundo de una persona de la forma más simple. No podemos vivir la vida de otro, pero sí imaginárnoslo. Y por eso Luz, Sombra, Gueko, Oscuridad... ellos entraron en aquel nivel que significaba conocerme. ¿Por qué unas colinas?
¿Por qué unas islas flotantes girando mansamente alrededor de la inmensidad?
¿Por qué un palacio en unas islas rodeadas de agua?
Entre todas estas preguntas vagaba entre mis recuerdos, cuestiones que me planteé entonces y me sigo planteando ahora. Y Eissen, ¿Eissen de dónde vino? ¿Cuándo se personificó por primera vez ante mí?

-Decido luchar.

Las Mentes callaron, sin sorprenderse pero algo atónitas tras aquella decisión repentina.

-Muy bien... ¿cómo... cómo has cambiado tan rápidamente de opinión?
-Luchadora se vio expuesta a la luz de las colinas y a un increíble poder por cubrirme las espaldas -bajé la mirada -. Yo reaccioné tarde. Y ella nunca se rendiría, aunque el enemigo sea un dios.
-¿Qué tienes para hacerlo?
-No... no sé. He mejorado tanto desde que llegué aquí... pero esto...

¿Cómo derrotar a Religión si precisamente llegué a la conclusión de que todo aquello que nos impulsa y da sentido a lo que hacemos es nuestra religión? ¿Cómo derrotar a algo inherente a nosotros?
Sin embargo, más que sentido a mi vida, Religión estaba machacándola poco a poco.
¿Era entonces Religión la imagen distorsionada de lo que una vez, por debilidad y falta de amigos, adoré? ¿Eran mis ganas de vengarme en otra vida, o el profundo deseo de justicia bajo el tenue velo de la venganza?
Entonces, sí debía derrotarle.
La barricada ya había sido construída.

Abrí los ojos no por el sonido del despertador, sino por un enorme estruendo que comenzó a escucharse en una parte alejada en mi mundo.

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